El ejercicio 2023 fue el de mejor calidad presupuestaria: 91,3% de ejecución y 92,3% de pago, paradójicamente en el año de mayor presión inflacionaria (~211%). Las modificaciones contenidas (+7%) muestran una planificación adaptativa efectiva.
Tendencia descendente en ejecución: 82,9% → 91,3% → 71,8% → 51,4%. El deterioro de 2024 y 2025 señala dificultades crecientes para ejecutar el presupuesto aprobado, sea por sobreestimación o restricciones operativas.
La deuda flotante pasó de $17,9 M (4,9%) en 2022 a $838 M (31,7%) en 2025. Este pasivo exigible presionará severamente la tesorería 2026 desde el primer día del ejercicio.
El Departamento Ejecutivo concentra estructuralmente entre 63% y 77% del gasto total. No hay evidencia de redistribución hacia otras áreas. La participación de Obras osciló entre 4% y 21% sin tendencia sostenida de inversión en infraestructura.
La formulación presupuestaria es el talón de Aquiles: en 2024 el programado fue un 70% menor que el vigente final; en 2025 quedó un 49% sin ejecutar. Ambos extremos reflejan falta de precisión en la planificación inicial.
El gasto social (Sec. Desarrollo Social) creció de 6,3% a 8,6% de participación a lo largo de la serie, señal de una priorización gradual del área.
El Concejo Deliberante muestra deuda flotante creciente: $2 M (2022) → $3 M (2023) → $8 M (2024) → $99 M (2025). La tasa de pago cayó del 87,9% al 33,4%, indicando un problema estructural de financiamiento de ese organismo que requiere atención prioritaria.